El artículo que sigue fue publicado por El Liberal, el principal diario de Santiago del Estero. Cuenta de un taller literario que se está realizando en dos localidades rurales de La Banda y de la participación de los jóvenes protagonistas en la Feria del Libro, el próximo 30 de septiembre, donde contarán su experiencia. Algunos momentos del taller se presentan en las fotos de la galeria, al final de la nota.
«Un lector vive mil vidas antes de morir;
el que no lee solo vive una».
George R. R. Martin
(Gerardo Cisneros). La llegada del padre Pepe Di Paola a la parroquia de Lourdes abrió nuevas oportunidades para el crecimiento de la comunidad de La Banda y sus alrededores. Su presencia dio lugar a distintos encuentros y experiencias que fueron marcando un camino esperanzador, especialmente para los chicos de catequesis de Los Díaz, en la capilla Virgen de Guadalupe, y de Los Acosta, en la capilla Virgen del Valle, dos localidades ubicadas al norte de la ciudad de La Banda, a 50 y 30 kilómetros respectivamente.
A partir de una propuesta del periodista y escritor Alver Metalli comenzó a gestarse un taller literario. Al principio, quizá parecía simplemente un espacio para acercarse a los libros y compartir algunas lecturas, pero con el paso de las jornadas se fue convirtiendo en algo mucho más grande.
Acompañados por sus catequistas Marcela Gómez y Débora Acosta, los chicos fueron descubriendo que detrás de cada página podía abrirse un mundo nuevo. La frase que ellos mismos eligieron para representar el taller expresa bien su espíritu: «Un lector vive mil vidas antes de morir; el que no lee solo vive una».
Así, con entusiasmo y curiosidad, comenzaron las primeras lecturas. Lobo Siberiano y Las dos Adelias fueron algunas de las historias que los acompañaron en este camino: relatos de aventuras, con un mensaje en sintonía con la catequesis que se desarrollaba paralelamente en esos lugares. En sus páginas encontraron personajes, paisajes y tramas atrapantes, pero también una manera diferente de acercarse a la lectura, comprender cómo se construye una historia, descubrir algunas técnicas narrativas y conocer lugares y referencias geográficas hasta entonces desconocidos para ellos.
Poco a poco comenzaron a verse los progresos. Los chicos leían con mayor fluidez y confianza, comprendían mejor las historias y se animaban cada vez más a participar. Esos avances también fueron advertidos por las docentes de las escuelas a las que asistían, que pudieron comprobar el crecimiento que se estaba produciendo en ellos.
Cada encuentro traía una nueva sorpresa. Una de ellas llegó con la lectura de El ladrón de sombras. Esta vez, los chicos no solo tuvieron la posibilidad de seguir el desarrollo de una historia, sino también de conversar con su autora, la escritora Verónica Cantero Burroni. Para ellos fue una experiencia especial: pudieron hacerle preguntas, compartir sus impresiones y contarle el entusiasmo que les había despertado su obra. Para Verónica, encontrarse con sus jóvenes lectores también fue motivo de alegría.
Pero el taller todavía guardaba una experiencia más. Después de tantas lecturas y de repasar juntos las historias que habían conocido, Metalli les propuso un desafío diferente: dejar por un momento de ser lectores para convertirse en escritores. La consigna era sencilla y, al mismo tiempo, enorme: crear una historia utilizando toda su imaginación.
Entonces apareció una historia cercana, nacida de una preocupación real. Marcela Gómez, catequista de Los Díaz, les había contado alguna vez lo difícil que había sido atravesar la enfermedad de su perrita y afrontar los gastos del veterinario, la operación y los medicamentos necesarios para su recuperación. Los chicos escucharon su relato con sensibilidad. Lo que había comenzado como la narración de una experiencia triste terminó convirtiéndose en una oportunidad para crear. Decidieron darle nueva vida a través de la literatura. Entre risas, ideas y mucha imaginación, comenzaron a construir la historia. Cada uno hizo su aporte: propuso situaciones, imaginó personajes, sugirió nombres y ayudó a darle forma al relato. De ese modo, la tristeza de una experiencia real empezó a transformarse en una historia llena de creatividad e ilusión. Finalmente nació Las mascotas de Marcela. El último paso fue crear los dibujos que darían rostro, color y vida a los personajes imaginados por los propios chicos.
Mientras continuaban las lecturas de Cuentos periféricos y Esperando a Tito, Alver Metalli lanzó una nueva propuesta: presentar Las mascotas de Marcela en la Feria del Libro de Santiago del Estero, que comenzará el 30 de septiembre. Para los chicos de catequesis, sus catequistas, sus docentes y sus familias, participar como protagonistas de uno de los acontecimientos culturales más importantes de la provincia será, sin duda, una experiencia difícil de olvidar.
De a poco, el taller literario dejó de ser solamente un espacio para leer libros. Se convirtió también en un lugar para compartir, descubrir y comprender que cada uno tenía algo propio para decir. Y mientras los chicos aprendían a leer, interpretar y escribir historias, iban construyendo también otra historia: la de una comunidad que crece en la fe, acompañada por las misas que el padre Pepe celebra al finalizar las jornadas del taller. Así, la palabra, la lectura, el encuentro y la fe fueron confluyendo en un mismo camino. Porque quizá eso haya sido, en definitiva, lo más importante de esta experiencia: descubrir que cada chico tiene un valor único y que, cuando encuentra un lugar donde puede ser escuchado y acompañado, algo empieza a transformarse. En él y también a su alrededor. Como un jardín que florece y se llena, poco a poco, de armonía y esperanza.






