El cuento “Las mascotas de Marcela” se compuso en el taller literario que se llevó a cabo en la localidad rural de Los Díaz, en provincia de Santiago del Estero, en los meses de junio a noviembre de 2025. El taller fue precedido por la lectura de dos libros titulados “Lobo siberiano” y “Las dos Adelias”. La lectura permitió resaltar los elementos que componen la estructura interna de una historia, el uso de los detalles para que sean funcionales a la historia misma, la formación progresiva de la personalidad de los protagonistas y, finalmente, el desarrollo de la historia a lo largo del tiempo hasta un final coherente y creíble.
Elementos, todos ellos, que fueron asimilados por los participantes en el Taller con creatividad y traducidos en la escritura de la historia que sigue, que es el resultado de un trabajo colectivo.
El toque final fue la ilustración del cuento titulado “Las mascotas de Marcela” a cargo de algunos de los participantes al taller literario. Los dibujos que se han hecho capturan e ilustran momentos de la historia que impactaron a los creadores de los dibujos mismos.
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Imagínense a Marcela cuidando a los animales. Su cariño por ellos es enorme. Basta pensar en cómo se comportó hace algún tiempo con una perrita encontrada en las calles del vecindario. La perrita era de color marrón y las pupilas de color amarillo. Casi de inmediato la llamó Lulú. Pronto se dio cuenta que estaba enferma, pero esto no la desmoralizó. Al llegar del trabajo Marcela llevó a Lulú a una veterinaria conocida. Después de explicarle la situación a la secretaria y proporcionarles los datos de la perrita, el titular de la veterinaria Gerardo Mendoza la atendió.
Le hizo unas cuantas preguntas a la dueña, observó atentamente a la perrita, y al final decidió someterla a unos estudios médicos. Una radiografía confirmó la sospecha que la enfermedad era seria; Lulú tenía un tumor bastante crecido y el veredicto del veterinario fue terminante: había que operarla de urgencia.
Marcela, al ser una persona sensible, quedó impactada con la noticia. Contó a su familia la situación de Lulú y tuvo que tomar una decisión rápida ya que la perrita se encontraba en peligro. Con el consentimiento de Marcela al fin el veterinario la operó. Luego de la operación debían realizarle la quimioterapia, lo cual tiene un costo significativo.
«¿Y si la perrita se muere? No… no diga esas cosas…», es una exclamación de Marcela en este tiempo.
¿En ese lamentable escenario de la muerte de Lulú que le va a pasar a Marcela?, nos preguntamos nosotros sus alumnos de catequesis. Seguramente se va a poner triste, va a llorar, pero podemos imaginar que Marcela va a querer otra mascota. Pasará el tiempo de duelo y si es la persona que conocemos, tarde o temprano querrá otro perrito.
En un momento de angustia Marcela nos confió la triste situación de Lulú y le saltaron las lágrimas e hizo que todos la abrazáramos y juntos nos pusimos a llorar.
Al encontrarse con la incertidumbre de la suerte de Lulú y los gastos importantes que significaría intentar su recuperación, los chicos le recomendaron que era mejor arriesgar, asumir los gastos, y le dijeron que hacerlo era un acto muy noble aunque la operación no saliera con éxito, que no debía abandonar a la perrita porque era una lástima no intentar nada frente al destino de Lulú. En resumen, le recomendaron que hiciera un esfuerzo para que la perrita pudiera tener una mejor vida.
Marcela muestra ser una persona sensible con muchas cosas de la vida y no sorprende que lo sea también con los animales, especialmente con la perrita de dos años que encontró en la calle al regresar del trabajo. El animal era en aquel momento muy débil y lastimado. La perrita se movía con dificultad, temerosa de las personas que se le acercaban, como si ya hubiera sido golpeada anteriormente. Marcela se le acercó con lentitud, la acarició, y de a poco venció su desconfianza.
Entonces decidió llevarla a su casa.
Un poco de historia
Para comprender la actitud de Marcela hay que investigar sobre lo que hubo antes en su vida. Marcela tuvo que haber tenido un pasado trágico para tenerle tanta atención a los animales. Es muy posible que Marcela en algún momento pasó por esa misma circunstancia con otro animal pero no pudo salvarlo por no encontrarse en buenas condiciones económicas para poder hacerlo. Además atravesó una experiencia en un tiempo no muy lejano en que tuvo que optar por salvar a un animal o ayudar a su hermano Fernando que era albañil y se había quedado sin trabajo al ser despedido de una empresa de construcción.
Marcela no olvidaba que el hermano la había ayudado en una situación de urgencia cuando tenía que levantar las paredes de la capilla dedicada a la Virgen de Guadalupe, y ese fue el principal motivo que la hizo decidir ayudarlo ya que no tenía dinero para pagar el alquiler de un departamento en el que habitaba con su pareja que hacía el humilde trabajo de secretaria. Los ingresos en aquel momento no eran suficientes para cubrir todos los gastos que se requieren para vivir como inquilinos. Así es como decidió darle a él el dinero y sacrificar una perrita que había adoptado.
Volvamos al presente
Pero ahora, con Lulú, Marcela tiene una nueva oportunidad gracias también a la relación especial con un veterinario. Marcela hace unos años tuvo una actitud cordial con su papá que atravesaba un estado de salud complicado. Viéndolo enfermo y postrado lo fue a visitar y le infundió esperanza. El hombre pudo salir de su situación complicada también gracias a las atenciones que Marcela tenía con él. El hijo médico, que había fundado una veterinaria que con el tiempo creció y se hizo un buen nombre, sentía que tenía una deuda con ella. Le dijo que no se hiciera problemas con los costos de la cura que requería Lulú, que él le hubiera hecho un descuento importante; además podía prorratear en el tiempo los pagos que quedaban.
Con esta tranquilidad, Marcela pudo afrontar el tratamiento de su mascota y hacer frente a los costos de los medicamentos que requería su recuperación total. Entonces, un día, tomó una decisión que sorprendió a sus estudiantes de catequesis.
En una calurosa tarde de noviembre, Marcela se presentó a la cita de siempre con un pequeño animal moviendo la cola con alegría a su lado. Y, una vez que todos estuvieron frente a ella, hizo la presentación.
«Lulú, estos son los muchachos de los que te he hablado muchas veces, a quienes les explico la vida y las enseñanzas de Jesús».
Luego, mirando al grupo de sus estudiantes que estaban muy sorprendidos, continuó.
«Mis pequeños, esta es Lulú, cuya historia hemos contado hasta este momento. ¿No es una perrita genial?»






