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La espera

(Lucio Brunelli). El pueblo de Comunión y Liberación espera con gran entusiasmo la llegada del papa León XIV al Meeting de Rímini. Las reservas para acceder a las 20.000 plazas del gran Auditorio de la Feria se agotaron en cuestión de horas. La euforia es comprensible. Han pasado 44 años desde la última vez que un papa participó en una edición del Meeting. El 31 de agosto de 1982, Juan Pablo II clausuró la tercera edición de este encuentro en Rímini e invitó a los discípulos de don Giussani a comprometerse en la construcción de una “civilización del amor”.

Emilia Guarnieri contó en el sitio oficial de Comunión y Liberación que ninguno de los organizadores había soñado siquiera con invitar al Papa, porque parecía impensable que pudiera participar. Fue el propio Wojtyla quien, pocas semanas antes del encuentro, expresó su deseo de visitar Rímini. En realidad, el papa polaco debía encontrarse en esos días, a finales de agosto, en su país natal. Quería estar presente en las solemnes celebraciones por el sexto centenario de la fundación del monasterio de Jasna Góra, famoso por su Virgen Negra, a la que profesaba una gran devoción. Todo estaba preparado, pero la situación política en Polonia impidió el viaje. En diciembre de 1981, el golpe de Estado del general Jaruzelski puso fin a la etapa del sindicato libre Solidaridad y también a la esperanza de Wojtyla de viajar a la nueva Polonia de Lech Wałęsa. Fue en ese dramático contexto político cuando Juan Pablo II decidió visitar el Meeting para la amistad entre los pueblos.

El aprecio que profesaba Karol Wojtyla por el movimiento católico era bien conocido y se remontaba a la época previa a su elección como papa, gracias a la red de contactos que habían tejido don Francesco Ricci y su revista CSEO con las realidades de Europa del Este, todavía bajo el dominio soviético. El Papa “venido de lejos” valoraba la presencia pública de Comunión y Liberación en la sociedad, su carácter laico y su ortodoxia doctrinal, su vitalidad cultural y su capacidad para llegar a los jóvenes. Consideraba que el Meeting era un emblema de todo ello.

Los dos papas que sucedieron a Wojtyla, Benedicto XVI y Francisco, ya no fueron a Rímini. El cardenal Ratzinger había pronunciado allí una conferencia en 1990 —sobre la verdadera reforma de la Iglesia— y siempre expresó su amistad y su aprecio por Comunión y Liberación, pero no consideró oportuno visitar el Meeting como papa.

Lo mismo ocurrió con Francisco. Algunas observaciones del papa argentino sobre posibles riesgos en la experiencia del movimiento —como la autorreferencialidad o la reducción de la herencia de Giussani a un “museo de recuerdos”—, acompañadas por algunas decisiones —como establecer un límite temporal para el mandato de los sucesores del fundador— fueron interpretadas por una parte de los miembros de Comunión y Liberación como muestras de frialdad o incomprensión, en vez de ser acogidas como una oportunidad para una mayor fidelidad a sus orígenes. En realidad, ningún papa había expresado públicamente su gratitud personal a don Luigi Giussani (“el bien que este hombre me hizo a mí y a mi vida sacerdotal”) como lo hizo Francisco en distintas ocasiones.

Bergoglio nunca estuvo en Rímini, pero —como recordó también Emilia Guarnieri— muchos de sus amigos cercanos sí participaron en el encuentro, comenzando por el padre Pepe, el sacerdote que eligió vivir su vocación en las desoladas villas miseria argentinas. A Rímini lo acompañó Alver Metalli, periodista y miembro de los Memores Domini, que desde hace 12 años comparte la misión pastoral del sacerdote en las villas miseria y que fue uno de los fundadores del Meeting, allá por 1979.

Ahora, el histórico encuentro católico de la costa de Romaña recibe nuevamente la visita de un papa. A diferencia de sus predecesores, León XIV nunca se ha pronunciado públicamente sobre la obra de don Giussani. El pasado 21 de mayo, en un encuentro con los “moderadores” de movimientos y asociaciones de fieles, pronunció palabras nada formales exhortándolos a ejercer un liderazgo no personalista y abierto a la escucha, y evitar cualquier tentación encerrarse en sí mismo. Pero no mencionó a ningún movimiento en particular.

Por eso hay una gran expectativa, tanto dentro como fuera de los pabellones de la Feria de Rímini, por los gestos y las palabras que pronunciará en el Meeting. Su sola presencia, de todos modos, ya constituye un signo de aprecio y paternidad.

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